

Podría decirse que la relajación es no hacer nada; pero muchas personas afirman tener dificultades para relajarse. Parece que no hacer nada no es tan fácil. La palabra «relajación» se emplea con frecuencia para referirse sólo a la relajación muscular; es decir, liberar la tensión y propiciar el alargamiento de las fibras musculares en contraposición al acortamiento que acompaña a la contracción muscular. No obstante, como la relajación tiene una dimensión física y otra mental, que incluye los aspectos psicológicos de la experiencia, tales como una sensación agradable y la ausencia de pensamientos estresantes o molestos.
Hace años que la práctica de la relajación dejó de ser exclusiva de las tradiciones orientales y entró de lleno en ámbito de la medicina y la psicología occidental. Numerosos estudios en las últimas décadas demuestan que la relajación es algo más que sentirse bien. Al estar relajados se producen cambios fisiológicos en nuestro cuerpo que tienen gran repercusión en nuestro estado físico y emocional. El cambio más significativo es la respuesta trofotrópica en las estructuras diencefálicas, que produce una disminución del metabolismo ligado a la disminución de la presión arterial, el descenso de la frecuencia respiratoria y la aparición de patrones Alfa en las ondas cerebrales. En la actualidad se utiliza como complemento en multitud de tratamientos y como solución en si misma para muchos problemas: